INTRODUCCIÓN A "HE-MAN TAMBIÉN FUE ARGENTINO"
1. Sobre éste blog.
Llamar “He-Man
también fue argentino” a éste blog es, evidentemente, tratar de dejar bien en
claro y desde un principio su verdadera intención y limitación: Concentrar las
indagaciones sobre los “Masters of the universe” dentro de lo dado en la
República Argentina y, exaltando eso como algo más o menos autónomo en el mundo,
mostrar su profundo enraizamiento en sentires, posturas y sucesos que solo un
argentino podría entender por completo. Tratará de ser, entonces, un blog regionalista
antes que uno cosmopolita y habrá mucho sobre He-Man que quedará por fuera; aunque
solo así se le puede hacer verdadera justicia a lo relacionado al héroe en determinado
país y compensar, a la vez, aquellas miradas algo miopes y deficientes que se
suelen dar en investigaciones no surgidas de la cultura que se trata de
describir. Pero sacar de su error a los extranjeros no será un objetivo
principal aquí, ya que en lo personal no soy de fomentar el coleccionismo y la
investigación transnacional (es decir, llevar las metas más allá de lo propio
al país donde uno pertenece) y eso se aplica tanto al argentino que persiste en
atender lo de otros pueblos como los extranjeros que se afanan en hacer lo
mismo con lo argentino. Mi mayor deseo es que el coleccionista argentino deje
de buscar soluciones y saciedades en regionalismos que no le pertenecen y que
nunca lo hicieron ni lo harán, sino que lo hagan aquí mismo; dentro de la
cultura que, después de todo, cobijó lo que ciertamente le había sido propio. Y
aunque yo no tenga todas las respuestas para evitar aquella fuga, digo que esperarlas
de un no-argentino sería una paradoja o, cuando menos, un engaño
auto-infringido del que habría que despertar algún día.
El título “He-Man
también fue argentino” deriva, de alguna manera, de la expresión popular “Dios
es argentino” y, como aquella, tiende a pintarnos de cuerpo y alma a los de
éste país: Si Dios o He-Man tuvieran nuestra nacionalidad significaría que Dios
o He-Man tienen algo de lo humano en éste suelo y, a la vez, que el humano de
éste suelo tiene algo de divino o heroico. Eso va en afortunada sintonía con
aquella otra fascinación sujeta a la mitología grecorromana antigua, en donde
lo humano se diviniza y lo divino se humaniza; pero donde también (detalle
importante) el héroe bien entendido era aquel que nacía de la unión de un dios
o diosa y un simple mortal. Decir que Dios o He-Man es argentino es,
simplemente, decir que los que nacimos y crecimos en esta tierra estamos
emparentados con el linaje más alto y que, en consecuencia, aún nuestras facetas
más vergonzosas son parte de un mecanismo en verdad universal y perpetuo. Una
aspiración muy elevada, por cierto, aunque no distinta al de cualquier otro
pueblo del mundo en cualquier época pasada o presente y, como tal, entendible
tanto como un deseo a futuro, un eco persistente de un ayer largamente olvidado
o una combinación de ambas cosas.
Seguramente,
éste blog decepcionará a muchos apegados a los “Masters of the universe” y
repelerá a otros más, pero ese es el permanente riesgo de tratar de crear algo
a la medida, los objetivos y los tiempos de uno mismo antes que tratar de
emular los de otros. Los tiempos, sobre todo, irán bastante a contramano de
habitual en las difusiones vía internet y eso, que fácilmente se puede
confundir con desidia o abandono, hartará a más de uno. Una pena, claro, pero
yo siempre digo que para equivocarse nunca hay que correr y prefiero mil veces
quedarme hablando solo con palabra firme y efectiva que orar ante una multitud
y no estar articulando más que sonidos inmaduros y débiles. Roma, se sostiene,
no se habría construido en un día y seguramente la Torre de Babel tampoco, así
que... ¿Por qué yo debería
apurar el armado de mi propia Torre de Marfil? En cuanto a la naturaleza de
éste blog, mi tendencia será primar la información escrita y relegar la
restante (la visual, la auditiva y la audiovisual) a un rol algo secundario; ya
que si bien el compartir y difundir material desnudo o poco adornado tiene sus
méritos, hacer lo propio con datos, deducciones y reflexiones intangibles (tan
frágiles al paso del tiempo) los tienen aún más. A la vez, mi fuerte actual no
pasa por ser un gran portador de cosas en sí mismas de los “Masters of the
universe” (eso, me parece, pertenece a etapas ya adormecidas) o, cuando menos,
no lo hace tanto como en quienes privilegian el tener antes que el saber. Por
el contrario, mis fortalezas actuales pasan por el entendimiento de lo
estudiado y, por extensión, la comprensión de eso en todos los contextos
posibles; todo lo cual se cocina con trabajo cerebral y se sirve, como desde
hace tanto, en lengua escrita. Los mayores logros de éste blog, entonces, no
tendrán tanto que ver con hallazgos y preservaciones de tesoros con forma y
peso, sino con el debido asentamiento y cuidado de saberes que, de otra forma,
seguirían su curso hacia el olvido. Así que... ¿Un blog sobre He-Man basado en
textos y cuyas publicaciones se demoran largamente? No suena muy bien que
digamos, la verdad, pero no habría otra forma de describirlo. Espero que, aun siendo
así, cumpla con su razón de ser.
2. Sobre el autor de éste blog.
Según me cuentan,
nací a las 23:45 del Martes 9 de Septiembre de 1.975 en el Hospital Materno
Infantil “Ramón Sardá”, en el barrio Parque Patricios de la Ciudad Autónoma de
Buenos Aires; Capital Federal de la República Argentina. Por nacimiento soy,
entonces, argentino. Según las clasificaciones generacionales soy parte de la
llamada “generación x” y, según la interpretación occidental de los astros, del
signo zodiacal Virgo. Mi paso por la Escuela Primaria abarcó el período
1.979-1.988, de manera que la llegada de He-Man a Argentina (1.984) me encontró
alrededor de mis nueve años y en pleno Tercer Grado mientras que el último año
de novedades en la colección “Masters of the universe” de Top Toys (1.988)
coincidió con mi último año de aquella etapa lectiva. Esa sincronización
alrededor de 1.988 siempre me pareció peculiar y afortunada. Promediando aquel
período fue que se manifestó mi primera gran vocación: La ilustración artística;
siempre muy ligada al mundo de He-Man y fuertemente influenciada por aquel. Mi
paso por los Colegios Secundarios ocupó el período 1.989-1.995 (tropiezos y
demoras incluidas, hay que decir); lo cual cobijó la etapa de las llamadas
“reediciones” de aquella línea de Top Toys (1.990-1.994 o por ahí). Durante los
inicios de aquel periodo fue que tomó forma mi segunda gran vocación: La
escritura creativa; al principio desligada de He-Man pero, con el tiempo,
enfocada agudamente en esta tanto en clave creativa como reflexiva y de investigación.
Después de los Colegios Secundarios no hice más que estar sujeto a lo laboral
y, a la vez, afianzarme como coleccionista e investigador de “Masters of the universe”
hasta llegar a mis actuales cuarenta y dos años.
Si mi opinión
acaso cuenta, me gusta pensar que soy coleccionista de He-Man desde que
adquiriera un primer producto suyo (1.985) y que soy su investigador desde que
empezara a garabatear mis primeras listas con los nombres de sus juguetes o
tomara apuntes al ver sus dibujos animados en la televisión; ya que los logros y
“títulos” venidos con los años no pudieron haber surgido de la nada y son, en
realidad, apenas peldaños de un proceso que venía de mucho antes y que aún está
lejos de agotarse. No tengo ninguna intención de abandonar ese proceso y no me
preocupa la posibilidad que lo haga, alguna vez, por un desinterés irreversible,
ya que si hay algo que aprendí en tanto tiempo es que, si bien puedo atravesar etapas
en donde mi dedicación se reduce al mínimo, siempre vuelvo al personaje con
energías renovadas. Al parecer, con los años mi apego por He-Man y su mundo se
me hizo carne y no podría extirparse de mí sin desnaturalizar por completo lo
que soy.
3. Sobre el país del autor de éste blog.
Casi veinte años atrás (por Abril o Mayo de 1.998), una
señora mayor que capitaneaba una juguetería muy añosa y en evidente decadencia
me dijo que recordaba a He-Man de una manera muy especial y que pensaba que los
personajes infantiles que luego habían llegado a nuestro país (refiriéndose,
sin duda, a los de la década del noventa; que en aquel punto empezaba a
expirar) no habían logrado igualarle. “Porque
He-Man no solo le gustaba a los chicos, sino también a los grandes, y eso ya no
pasa”; había confesado. Al escuchar eso, mi primera reacción fue la de
estar descubriendo algo que por largo tiempo me había pasado desapercibido y,
viniendo de quien venía (la dueña de una juguetería que se remontaba a los años
setenta, sesenta o más atrás también), un verdadero testimonio de oro y un
halago de peso al personaje. A partir de entonces ya no pude olvidarme de esas
palabras y las terminé tomando como una verdad que, de alguna manera, ayudaba a
conciliar esa inherente enajenación que todo coleccionista lleva a cuestas...
¡Porque los adultos que condenaban el apego a He-Man más allá de la niñez por
una cuestión doctrinal eran los mismos que también habían disfrutado de él! Así,
siendo que el héroe no solo había quedado encapsulado en los menores y que su
influencia en la vida cotidiana de éste país se hizo amplia también a los
adultos, en términos sociales el testimonio de aquella señora resumía eso que, bien
entendidos, fueron los “Masters of the universe” en la República Argentina: No
solo algo personal, tampoco solo algo común dentro de las mentes infantiles de
entonces, sino también algo propiamente cultural e histórico.
Ahora bien, ¿Por qué eso se habría dado con He-Man y no con otros personajes
de épocas posteriores? A decir verdad, no hay fenómeno
infantil que no afecte de alguna manera el mundo de los adultos y sería injusto
e inapropiado suponer que los “Masters of the universe” fueron los únicos que
supieron conquistar el corazón de la gente grande; particularmente recordando lo
que llegaron a ser en Argentina los Titanes
en el ring durante los años setenta y principios de los ochenta o, incluso,
las Tortugas ninja apenas iniciados los
noventa. Habría, tal vez, un ciclo que empuja a ciertos personajes infantiles
más allá del público menor de su tiempo; un marco histórico en perpetuo
desarrollo que, aquí y allá, hacen de un fenómeno lúdico uno más elevado e
indeleble. En lo que toca a He-Man, ese ciclo lo había bendecido con llegar a
mi país en 1.984; es decir en un punto histórico donde su clave política-social
cambiaba significativamente y la cultura, saliendo del largo período conocido
como los “años de plomo” (1.976-1.983), ponía un primer pie en una democracia
recuperada e incipiente (1.983 a la actualidad). He-Man fue, podría decirse, el
“hijo pródigo” de aquella democratización y si bien él solo había sido la
cabeza de toda la infusión cultural infantil que luego sobrevendría, justamente
por serlo es que marcó a fuego al aire que se respiraría en la segunda mitad de
aquella década. Esos años de mi país fueron, por suerte, muy generosos en
fenómenos infantiles (Mazinger Z, Robotech, Gobots, Transformers, GI Joe, Thundercats, Lucha Fuerte,
Mask, Chuck Norris y seguramente alguno más; solo por nombrar a los de
corte masculino), aunque He-Man había podido golpear primero en un pueblo que
de pronto se abría a la democracia y, pese a ver en el personaje a alguien
bastante ridículo e inverosímil, la gente en general lo terminó abrazando. De
alguna manera, liberada Argentina del control sostenido por los gobiernos
militares, los adultos de entonces tomaron al héroe como impulso para sus
proyectos más serios (me refiero a la industria vinculada a las modas
infantiles) aunque, a la vez, lo hicieron también a través de un niño interior
que afloró de golpe y que, ya en terreno cultural abierto, se permitieron
disfrutarlo junto a sus hijos. Pero ese afloramiento, inocente y entrañable en
lo subyacente, fue breve: Porque iniciados los años noventa la clave
política-social del país volvería a cambiar nuevamente; esta vez girando de golpe
hacia el llamado neo-liberalismo y a una abrupta y desventajosa apertura al
mundo. Lo infantil volvió a tener una nueva avalancha de novedades (Tortugas ninja, Power rangers, Rambo, Caballeros del Zodíaco, Halcones galácticos, Dragon ball, Pókemon y otros), pero el aire había cambiado en el mundo adulto y
la empatía con aquellas fue, si bien considerable aún, de una intensidad
menguante. La “infancia” cultural de la democracia recuperada empezaba a quedar
atrás y se lanzaba de lleno a los conflictos y vaivenes propios de una “adolescencia”
que, según entiendo, aún hoy mismo no se habrían superado del todo.
Así, siendo que el He-Man conocido en Argentina había
quedado sujeto a los años de la llamada “primavera radical” (mandato del entonces presidente Raúl
Ricardo Alfonsín, 10-12-83 al 08-07-89) y con los “años de plomo” de los
setenta-ochenta de un lado y la democracia neo-liberal de los noventa del otro,
es obvio que asociarlo a ese tiempo suyo, a ese país sumido en una transición
algo surrealista, es el camino correcto para entenderlo en toda su dimensión.
Verlo como parte de la historia personal y de la trans-personal (la
generacional, la de quienes compartimos una misma pasión siendo chicos) no es
poco e inevitablemente logra llegar al nervio sensible, pero eso solo es la
punta del iceberg; ya que He-Man (tanto en Argentina como en cualquier país
donde puso un pie) fue parte insustituible de la cultura de una época y la
cultura de esa época fue, por lo tanto, una parte no desentrañable del héroe. Debido
a eso, éste blog constantemente hará menciones relacionadas a aquel marco
histórico que dio y recibió sostén hacia y desde He-Man; incluso cuando esas
derivaciones no parezcan tener, a primera vista, mucha relación con los temas
principales. Persistiendo en poner en evidencia esa simbiosis entre el personaje y
la historia de mi país será que el título “He-Man también fue argentino” podría
cabalmente demostrar su sentido más hondo.
4. La primera página de un libro abierto.
Entre los coleccionistas e investigadores argentinos
de He-Man flota, desde hace mucho ya, la idea de escribir un libro definitivo
sobre el héroe en nuestro país pero, al margen de algunos intentos fallidos y
ciertas prefiguraciones aisladas (todo meritorio, en uno u otro grado), no
tengo conocimiento que se haya logrado alguna vez. Y no sería de extrañar, ya
que un planteo así tiene todas las características de una utopía soñada: Todos
los interesados lo buscaron con ansias alguna vez, ya que encontrarlo hubiera
significado la cura a vacilaciones arrastradas durante años, pero ninguno lo
encontró tal y como lo había supuesto y, al final, no se pudo más que deducir
que no existía. Ya sea porque nunca lo hizo o lo hizo y se perdió, lo único que
restaría hacer es tratar de llevarlo a la realidad uno mismo y con lo que hay a
mano; que no es poco, aunque está demasiado disperso y atravesado por
controversias y desinformación difíciles de purgar. Y como con toda utopía, como
con todo sueño demasiado grande para un mortal, muchos no hacen más que esperar
que otro lo concrete y otros pocos aportan honrosamente lo que pueden al
objetivo pero, a fin de cuentas, sin saciarlo por completo. ¿Será inevitable, entonces, que una idea
así nunca llegue a hacerse realidad? El tiempo lo dirá, supongo, pero las cosas
no se moverán demasiado favorablemente si se persiste en que todo recaiga en alguien
solo y, mucho menos, si ese alguien es el otro. Mi opinión
es que una persona sola no sería capaz de escribir, de pies a cabeza, todo un
libro sobre el He-Man llegado a Argentina que le hiciera verdadera justicia al
caso y, en consecuencia, pienso que los esfuerzos individuales en ese sentido
solo llegarían a ser una parte del todo pero, de ninguna manera, el todo en sí
mismo. Una tarea tan grande debería recaer en un grupo de gente antes que en
una persona aislada, pero... ¡Cuidado!, ya que mientras más cabezas tiene un
monstruo más fácil es que se enrede en pensamientos entrecruzados y, queriendo
ir a varios lugares a la vez, termine por no llegar a ninguno. Después de todo,
¿A dónde llevó
todo lo hablado entre coleccionistas e investigadores de He-Man sobre éste
libro deseado? Y no es que dé poco valor a debatir la idea, ya que con eso al
menos se la mantiene viva, aunque si todo tiende a permanecer solo en
intenciones resulta claro que toda esa fuerza irá a la nada a menos si, alguna
vez, se la canaliza bajo una voluntad única. Se vuelve, así, a la idea del
autor único o, cuando menos, a la del editor único. Es, por decirlo de una
manera, como la electricidad en el aire de tormenta; que reverbera en la
humedad de las nubes esperando el detonante para caer al suelo.
Lo expuesto en éste blog no pretenderá ser tomado como
un libro acabado ni mucho menos sobre los “Masters of the universe” en la
República Argentina, aunque la mecánica algo interdependiente de sus distintas
entradas podrían compararse a los distintos capítulos de un texto mayor y, lo
que sería más significativo aún, su contenido podría ser tomado como la sustancia,
la materia prima, con que los libros hechos y derechos siempre se nutrieron. Será,
si bien no un libro en el buen sentido de la palabra, un libro en potencia o al
menos una plataforma o primer peldaño para aquel. Y como incluso el libro más difícil
empieza por escribirse con una primera página, tratar de dar forma y peso a un
primer borrador de esa primera página será la idea subyacente de éste blog. Después,
ya abierto el volumen sobre el escritorio, solo restaría continuarlo hasta el
final.
Miguel
Ángel.